jueves, 7 de noviembre de 2013

“Vivir es fácil con los ojos cerrados…”

Por Ramón Rodríguez Gómez.

Me he tomado la licencia de usar como encabezamiento de este artículo, el título de la última película protagonizada por Javier Cámara y dirigida por Fernando Trueba. Y tomo el título para afirmar que con respecto a la inmigración de personas en esta época que nos ha tocado vivir, es más fácil hacerlo si somos capaces de cerrar los ojos a todo lo que está ocurriendo en el mundo.

La semana pasada, conocimos en los medios de comunicación, la terrible noticia de que 120 inmigrantes habían aparecidos muertos de sed en el desierto del Sahara. Todas estas personas tenían en común una historia trágica ya conocida por repetirse una y otra vez, aunque cambie el formato, los protagonistas y el medio usado, el final siempre es el mismo en muchos casos, la muerte mientras trataban de huir de sus países y entrar en el mundo desarrollado. En este caso habían partido desde Níger intentando llegar, hacía la salvación, jugándose la vida en esta ruta cruel cuya trágica meta finalizó a tan solo diez kilómetros de la frontera con Argelia. No hay muchos más detalles, no hay responsables, algunos supervivientes relatan que el camión que los transportaba se averío y ya perdidos en el desierto, sin agua, sin medios de comunicación, tan solo les quedó una solución, caminar para intentar salir con vida de allí. Cuesta imaginar el drama que tuvieron que pasar aquellas personas, el miedo y el pánico que les produciría el saber que caminaban perdidos hacia un fin dramático, seguramente conscientes de su agonía y cercanos a la tortura que supone morir deshidratados en pleno desierto, dándose la terrible ironía de que hace unas semanas morían más de 300 ahogados en el mar y estas personas lo hacían de sed en tierra.

Inmigrantes protagonistas de una lucha por sobrevivir, iniciada en el mismo momento en el que les tocó nacer en un país, carente de lo más básico, que les permitiera alimentarse y donde quedarse en él es igual a morir lentamente. Son muchas las razones que se esgrimen para justificar su huida; guerras, hambre, persecuciones, pobreza, etc. Pero la razón más poderosa que les lleva a arriesgarse y jugar con el destino y la muerte, es el instinto de supervivencia. Por vivir la mayoría paga un altísimo precio, pero están dispuestos a ello porque quedarse es sinónimo de sufrimiento y muerte. De las personas encontradas en el desierto 48 eran niños y niñas, 52 mujeres y el resto hombres adultos.

Europa, nuestro viejo Continente permanece impasible, indoloro y con la conciencia rodeada de un muro lleno de excusas para que no le afecte nada de esta situación. Nuestros Gobernantes, aquellos a los que democráticamente votamos, viven con los ojos cerrados y lo que es peor aún, alejados de la realidad. Escribir aquí las mil excusas que existen con el tema de la inmigración no tiene sentido, porque cada una de ellas tiene una réplica lógica, legal y humana. Decir por ejemplo que los inmigrantes se lo han buscado al poner en riesgo sus vidas, indicar que no podemos abrir las puertas de las fronteras porque nos invadirían, son tremendas falacias. Explicarnos que vienen a ocupar nuestros trabajos ahora que estamos en crisis, además de mentira, es egoísmo en su estado más puro. Contarnos que son países corruptos en su mayoría los que provocan la inmigración y por esta razón las ayudas no pueden materializarse, que son países subdesarrollados que no son capaces de administrarse para dar de comer a su población, que no ponen los medios adecuados para evitar seguir creciendo en número de habitantes, o que son radicales y poco preparados, en definitiva que ellos se ha buscado el subdesarrollo que padecen, es una justificación racista al más puro estilo xenófobo, además todo ello es un insulto a nuestra capacidad humana y nuestra inteligencia.

Europa ha perdido el corazón y el alma, ha olvidado que todos somos miembros de una misma raza, la humana y que no hay personas de distintas categorías, o de distintos Estados o Naciones, solo existe la humanidad a la que todos y todas pertenecemos independientemente de la fronteras que pongamos. No tiene que ser una cuestión de suerte, de destino cruel o benefactor el que te indica que, dependiendo de donde nazcas así crecerás y vivirás más o menos tiempo, tendrás más o menos enfermedades, sufrirás de hambre o tendrás exceso de comida. El hecho de vivir o morir de una manera no debe responder a un determinismo impuesto por la causalidad del nacimiento en un país o en otro concreto, es decir, no debe depender de dónde tengamos la suerte de nacer.

Hay soluciones por supuesto, porque en un mundo cada vez más global, donde irónicamente pregonamos los supuestos beneficios de esa globalidad basados en la libre circulación de capitales y de personas, donde hablamos de la tiranía de los mercados y como estos prevalecen sobre los Gobiernos, donde comentamos los beneficios innumerables de internet que potencia una comunicación directa y cada vez más rápida que elimina fronteras, curiosamente en este mundo que avanza en investigación y modernidad, en desarrollo tecnológico y bienestar, en este mundo seguimos construyendo fronteras cada vez más altas, muros y vallas con alambres de espinos más enrevesados y dañinos, y no solo físicos sino también burocráticos a través de visados y demás documentación necesaria para inmigrar. Mientras que supuestamente eliminamos barreras con la globalidad, con internet, con la comunicación, con la información y con la libre circulación construimos otras barreras físicas y mentales. ¿Dónde entonces está la libertad?, ¿libre circulación para quién, de qué?, ¿dónde está el desarrollo?, ¿qué mundo estamos dejando a las demás generaciones?, ¿cambiará de esta forma la humanidad?….la sensación que nos queda es que no vamos a mejor sino todo lo contrario, estamos empeorando a pasos agigantados, a no ser que sigamos viviendo con los ojos cerrados.

Debemos pensar que la única forma de cambiar esta situación es cambiar nosotros mismos, ahí está es la solución. Cuanto más desarrollemos los valores solidarios, cuanto más nos preocupemos por conocer a estos países que lo están pasando tan mal, entender su historia, a su gente, sus motivos, su cultura, su economía, más cerca estaremos de la solución. Arreglar esto está en nosotros, si pensamos en desarrollar otros recursos, en repartir la riqueza, en tirar los muros que rodean ciertas conciencias. Cuando comencemos a cambiar, a abrir los ojos, los nuestros y los de los demás, cuando invirtamos en el futuro de estos países y trabajemos conjuntamente con ellos, comenzaremos a cambiar y a creer que es posible. Las generaciones que vienen tienen que poner en práctica esas soluciones, tienen que crecer con nosotros y con el cambio, tienen que crecer con los ojos abiertos. Nuestra aportación es el cambio, conocer, construir y destruir fronteras.

La inmigración y las muertes que conlleva no se frenarán con medios coercitivos, porque la necesidad de sobrevivir siempre será más fuerte que los muros que construyamos. No podremos tener mucho más tiempo los ojos cerrados, hasta cuándo podremos seguir soportando muertos en Lamperusa, o en el desierto, o trenes de la muerte en América. Llevo diez años como coordinador de la atención a Menores Inmigrantes, otro día podemos hablar del tema de los menores extranjeros no acompañados, pero en todos estos años no solo no ha disminuido el número de llegadas de estos menores a nuestro país, sino que continúa aumentando. Niños y niñas con fecha de caducidad que se hacen adultos demasiado pronto jugándose la vida, atravesando con diez, doce o quince años sus países, para disfrutar de un “mundo mejor”, ahora tenemos que comenzar a girar el timón para cambiar el mundo y dar un golpe en nuestras conciencias diciendo,¡¡ basta ya ¡¡

2 comentarios:

  1. Precioso artículo Ramón. Todos debemos abrir los ojos y decir BASTA YA! Gracias por escribirlo.

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  2. No sabía que tenias esta faceta Ramón. Cultivalá

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